La Escritura define claramente lo que es la fe:
Hebreos 11:1–3
“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.”
La fe tiene dos elementos fundamentales.
Primero, es la certeza de lo que se espera, lo cual implica necesariamente paciencia. No se puede esperar algo sin paciencia. La fe enseña a confiar mientras se espera el cumplimiento de lo prometido.
Segundo, la fe es la convicción de lo que no se ve. Esto significa que la fe no depende de los sentidos naturales. No trabaja con lo visible, sino con lo espiritual. El creyente puede estar seguro de lo que Dios hará aun cuando sus ojos naturales no vean ninguna evidencia.
La fe permite ver con ojos espirituales aquello que todavía no se ha manifestado en el mundo natural.
El primer obstáculo que enfrenta la fe es lo visible.
Si la fe es la convicción de lo que no se ve, entonces su oposición natural es depender de lo que se ve. Cuando una persona basa su fe en lo que sus ojos observan, en lo que su mente razona o en lo que su lógica humana entiende, comienza a exigir evidencia antes de creer.
Sin embargo, la fe funciona de manera inversa: primero se cree y luego se ve.
Muchos desean creer en Dios solo después de ver señales o pruebas visibles. Pero la fe no depende de señales; descansa en la confianza absoluta en Dios.
Otro obstáculo importante para la fe es querer explicar todo con la razón humana.
La fe está por encima de la lógica humana. Muchas veces Dios actúa de maneras que no encajan en los esquemas de la mente natural.
Un ejemplo claro se encuentra en la sanidad de un ciego.
Juan 9:6–7
“Dicho esto, escupió en tierra, hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé… Fue entonces y se lavó, y regresó viendo.”
Desde una perspectiva humana, el método parece extraño. Sin embargo, el milagro ocurrió porque hubo obediencia.
La fe muchas veces exige obedecer a Dios aun cuando no se comprende completamente lo que Él está haciendo.
En muchas ocasiones, las personas no reciben milagros porque se enfocan en lo natural.
Durante el ministerio de Jesús, algunos lo rechazaron porque lo conocían según la carne.
Mateo 13:55–58
Ellos decían:
“¿No es este el hijo del carpintero?”
Debido a esa mentalidad, la Escritura declara que allí hizo pocos milagros.
La familiaridad, los prejuicios y el razonamiento humano pueden convertirse en obstáculos que impiden experimentar el poder de Dios.
A lo largo de la Biblia aparecen situaciones en las que Dios utiliza elementos físicos como puntos de contacto para manifestar su poder. No es el objeto el que produce el milagro, sino la fe en Dios.
Un ejemplo se encuentra en el ministerio del apóstol Pablo.
Hechos 19:11–12
“Y hacía Dios milagros extraordinarios por mano de Pablo, de tal manera que aun se llevaban a los enfermos los pañuelos o delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos.”
El poder no estaba en los pañuelos, sino en la unción de Dios y en la fe de quienes creían.
Otro ejemplo aparece en el ministerio del profeta Eliseo.
2 Reyes 2:19–22
Cuando las aguas estaban contaminadas, Eliseo pidió sal y la arrojó en el manantial. Las aguas fueron sanadas.
La sal no tenía poder en sí misma; fue simplemente un punto de contacto para la fe.
Dios puede usar los medios que Él quiera para manifestar su poder. No todo lo que Dios hace encaja dentro de la lógica humana.
Un ejemplo poderoso se encuentra en el desierto.
Números 21:8–9
Dios ordenó que se hiciera una serpiente de bronce, y todo el que la mirara sería sanado.
La serpiente no tenía poder por sí misma; la sanidad venía de Dios. Pero aquel acto requería fe.
Este principio muestra que no todo lo que Dios hace necesariamente coincide con los razonamientos humanos.
La fe no solo consiste en creer en Dios, sino también en creer en los instrumentos que Dios usa.
Si una persona tiene prejuicios o desconfianza hacia aquel que Dios está utilizando, su corazón puede cerrarse a la bendición.
La incredulidad hacia el instrumento muchas veces bloquea el milagro que Dios desea realizar.
Hebreos menciona el ejemplo de Abel.
Hebreos 11:4
“Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín… y muerto, aún habla por ella.”
Esto enseña que la fe deja un testimonio que permanece aun después de la muerte.
Un ejemplo sorprendente se encuentra en el profeta Eliseo.
2 Reyes 13:20–21
Cuando un hombre muerto tocó los huesos de Eliseo, el hombre resucitó.
Esto demuestra que el poder de Dios puede seguir manifestándose incluso después de que el siervo de Dios ha partido.
La Biblia muestra que toda la creación responde a Dios.
Después de que Caín mató a Abel, Dios declaró:
Génesis 4:10
“La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.”
La tierra misma respondió al derramamiento de sangre. Este pasaje revela que la creación de Dios no es indiferente; todo lo que Él hizo responde a su orden y autoridad.
La idea común es que toda persona debe morir para entrar en la eternidad. Sin embargo, la Escritura muestra que Dios puede actuar de maneras que superan ese patrón.
Hebreos 11:5
“Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios.”
Enoc alcanzó un nivel de fe tan profundo que fue trasladado por Dios sin experimentar la muerte.
Otros ejemplos bíblicos muestran la misma dimensión del poder de Dios:
Elías fue llevado al cielo en un torbellino (2 Reyes 2:11)
Jesucristo ascendió al cielo después de su resurrección (Hechos 1:9)
Felipe fue trasladado sobrenaturalmente de un lugar a otro (Hechos 8:39–40)
Estos eventos revelan que para Dios no hay límites.
Un ejemplo extraordinario se encuentra en el nacimiento de Jesucristo.
Lucas 1:34–35
Una mujer virgen concibió por obra del Espíritu Santo.
Desde el punto de vista humano, esto parece imposible, pero la fe permite aceptar que Dios puede hacer lo que el hombre considera imposible.
La fe en sí misma no tiene límites. Los límites los establece el corazón humano.
Por eso los discípulos pidieron a Jesús:
Lucas 17:5
“Auméntanos la fe.”
Jesús respondió enseñando que incluso una fe pequeña puede hacer cosas extraordinarias.
Mateo 17:20
“Si tuviereis fe como un grano de mostaza… nada os será imposible.”
La fe debe mantenerse firme y sin duda.
La Escritura declara:
Hebreos 11:6
“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.”
La fe es el medio establecido por Dios para relacionarse con Él.
Dios es espíritu, y por eso el ser humano solo puede acercarse a Él mediante la fe.
A medida que la fe crece, Dios se vuelve cada vez más real en la vida del creyente.
Hebreos 11:7
“Por la fe Noé… preparó el arca para salvar a su casa.”
Noé recibió instrucciones para construir un arca en un tiempo en que nunca había ocurrido un diluvio semejante.
Sin embargo, obedeció.
La fe produce obediencia, y la obediencia activa el poder de Dios.
Hebreos 11:8
“Por la fe Abraham… salió sin saber a dónde iba.”
Dios le pidió abandonar su tierra sin explicarle todos los detalles.
La fe muchas veces llama a obedecer aun cuando no se conoce completamente el camino.
Hebreos 11:11–12
Sara recibió fuerza para concebir aun siendo estéril y avanzada en edad.
De una situación humanamente imposible surgió una descendencia tan numerosa como las estrellas del cielo.
Dios probó la fe de Abraham pidiéndole que ofreciera a su hijo Isaac.
Génesis 22
Abraham obedeció porque creía que Dios era capaz incluso de levantar a su hijo de entre los muertos.
Cuando estuvo a punto de sacrificarlo, Dios detuvo el acto y declaró:
“Ahora sé que temes a Dios.”
La Biblia muestra numerosos ejemplos del poder de la fe:
Enoc fue trasladado sin ver muerte.
Noé construyó el arca y salvó a su familia.
Abraham obedeció sin conocer el destino.
Sara concibió en su vejez.
Isaac fue preservado cuando Abraham demostró su fe.
La fe es el fundamento de toda la vida espiritual.
Por eso la Escritura declara con claridad:
“Sin fe es imposible agradar a Dios.”





